Esa pregunta se la hacen muchos turistas que hoy en día solo pueden conocer los restos erosionados de lo que fueron los recintos mortuorios de los más poderosos de Roma. Gracias a la labor de Antonio Boso, que entre los años 1598 y 1615 ha explorado y descubierto más del 70 % de las catacumbas que hoy en día podemos conocer en Roma, te describiremos como eran ellas desde sus orígenes y cuanta importancia tenían para los ciudadanos romanos.
Los hipogeos eran usados, como te contamos en el artículo anterior, para convertirlos en galerías subterráneas donde crear las catacumbas. La galería más grande posee más de 30 kilómetros de largo, y por lo general poseían una forma zigzagueante, nunca recta. No se sabe el porqué de este tipo de excavación, lo que si sabemos es que los nichos construidos dentro de los subterráneos eran rectangulares y los romanos los denominaban “loculos”. Los loculos poseían poco espacio, se estima que solo albergaban una persona adulta o dos niños. Las familias adineradas poseían más de 10 loculos, muchos de ellos vacíos a la espera de ocuparlos con el próximo en fallecer.
Los loculos eran cerrados con placas de mármol en las que se esculpía el nombre de la familia y el del difunto en cuestión y además se tallaba algún símbolo cristiano. Además eran adornadas con flores naturales que las familias reponían semana tras semana y como si esto fuera poco, muchos iluminaban las placas de mármol con lámparas de aceite, ya que la mayoría de las catacumbas no poseían ventanas con salida al exterior (aunque se han descubierto por lo menos una decena de hipogeos que sí las tenían) .
Por último te cuento que las catacumbas eran perfumadas. Sí, tal como lo lees. Se usaban aceites esenciales para aromatizar los subterráneos que, producto de la humedad del suelo, solían tener un pésimo olor.
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