
Sucesivamente el Palacio fue regalado a Olimpia Maidalchini, conocida por todos como “la Pimpaccia di piazza Navona” por sus negocios sucios y hasta se escribían “pasquinate” sobre ella.
Luego cambió varios propietarios, hasta que en 1960 fue comprado por la embajada del Brasil. Por este motivo el edificio no puede ser visitado, pero de todos modos podemos admirar su fachada exterior y el balcón que está sujetado por cuatro columnas.
Y terminan aquí los varios post sobre la Plaza Navona, que hemos podido recorrer y ver de manera muy profunda. Espero haber logrado despertar vuestra curiosidad, así que ahora sólo les queda que visitar la plaza de verdad, además que sus alrededores. Será bonito pasear y descubrir rincones inesperados, así como pequeñas callecitas muy sugestivas.
Vía/ laboratorioroma.it
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