Las mujeres romanas más ricas prestaban especial atención al cuidado de la piel, por eso utilizaban grasa vacuna refinada tal como hoy en día nosotros usamos las cremas humectantes. A su vez, los hombres solían regalara a sus amadas los mejores perfumes traídos de Oriente para que estas perfumaran sus cuerpos y prendas.
En lo que a la higiene respecta, sabemos que en la Antigüedad el baño no era algo muy frecuente, por eso siempre se recurría a la utilización de aceites esenciales y perfumes corporales para evitar el baño tan seguido.
Si te preguntas cuanta importancia le daban los hombres romanos a la estética, te cuento que no fue hasta el siglo IV a.C que empezaron a preocuparse por su imagen. Hasta ese momento solo se daban duchas en ocasiones especiales y dejaban crecer por largos periodos sus barbas y cabello. Como te decíamos, recién en principios del siglo IV comenzaron a cortar sus cabellos y a lucir sus rostros sin nada de barba ni bigotes.
Llega la etapa Republicana y es allí en donde todo cambia de repente: los romanos, tal como sus mujeres, comienzan a colorear sus cabellos canosos con henna y como si esto fuera poco, empiezan a llevar el pelo bien corto el cual solían peinar con “calamistro”, una especie de rizador antiguo que consistía en un hierro calentado a altas temperaturas que rizaba el cabello en cuestión de segundos.
Imágen: fridaenmivida.
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