Roma es una de las ciudades que más atención presta a la gastronomía. Los platos más sabrosos se pueden degustar en cualquier restaurante, desde los que se hallan en el centro de la ciudad hasta en aquellos que se esconden en las callejuelas de las afueras. Desde los tiempos de la antigua Roma la comida ha sido uno de los fuertes de los italianos, cambiando y aportando nuevos ingredientes a las más de mil recetas originarias de la capital italiana.
Los antiguos romanos habían tomado varias ideas del arte culinario griego, sobre todo incorporaron varias técnicas para la preparación de diferentes recetas. El hábito del desayuno lo tomaron de la cultura helénica, llamándolo “ientáculum”, el cual tenía como alimento base los panes y preparaciones con “farro”, un cereal perteneciente a la familia del trigo.
Todos los desayunos tenían frutas y la bebida principal era la leche caliente con miel. Las clases altas solían comer pan de farro embebido en vino y relleno con uvas pasas.
La hora del almuerzo no era tan importante. El “Prandium”, tal como los antiguos romanos lo llamaban, no tendía un plato característico, sino que se solía almorzar las sobras de la cena de la noche anterior.
Imagen: elsegalar.
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