Roma es una ciudad que ofrece cientos de lugares para conocer y disfrutar. Desde monumentos a museos o quizás restaurantes típicos o plazas. Pues sucede que muchas personas no están enteradas que además pueden llevar sus trajes de baño cuando armen sus maletas, y no precisamente para disfrutar de la piscina de su hotel sino para descansar en alguna de las playas privadas de la capital italiana.
El lugar en donde se encuentran es Ostia, un pueblo originado en el siglo XX, que, copiando a otras ciudades marítimas de la época, se ha erigido en suelo romano desde ese entonces para brindar diversión y belleza a todos aquellos que la visitasen. En principio se construyeron cientos de edificios y monumentos y posteriormente, como idea de varios arquitectos de la zona, se pensó en crear playas privadas para los turistas y lugareños disfruten.
Las playas privadas son muchas y variadas. Una de las más conocidas es la de “Kursaal”, la más antigua de la ciudad (data de mediados del siglo XIX), así como también puedes conocer la playa privada de “Elmi”, que fue creada en el año 1919.
La entrada a las playas privadas tiene un coste mínimo. Pagando tu entrada puedes disfrutar de la jornada completa. Además, te cuento que dentro de cada establecimiento encontrarás restaurantes o bares dependiendo del estilo que maneje cada una y algunas poseen hasta guarderías para que los padres puedan dejar a sus pequeños y relajarse al máximo.
Los más activos pueden practicar deporte en las playas: algunas organizan partidos de fútbol, que pueden durar varias horas, así que si eres mujer y tu marido se ha unido al torne, te aconsejo que te dispongas a disfrutar del sol de Roma sin preocuparte por nada.
Imagen: losviajeros
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